Frutos del Espíritu Santo en una persona

 


¿Qué son los frutos en una persona? Son evidencias visibles como comportamientos, sentimientos, actitudes y cualidades de una vida transformada por Dios.

Estamos hablando de los frutos del Espíritu Santo. El posesivo aquí es “del Él”, es decir, que los frutos ya mencionados son de Él. No es que estén guardados en una persona y que luego el Espíritu Santo los dará a conocer, sino que cuando está el Espíritu Santo, también estarán estos frutos. Entonces, si no está el Espíritu Santo, tampoco estarán sus frutos.

¿Se puede ver la fe de una persona? ¿Cómo?
¿Se puede saber si alguien tiene o no una relación con Dios? ¿Cómo?

No podemos ver ni medir la fe de una persona, ni podemos saber si alguien tiene una relación genuina con Dios a través de manuales o requisitos, porque somos unos perfectos mentirosos, y cualquiera puede aparentar tener fe y una relación con Dios cuando realmente no es así.

La única forma de confirmar esto es viendo los frutos del Espíritu Santo en esa persona.
Los frutos del Espíritu Santo son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Extra: Contra tales cosas no hay ley, puesto que la ley es para las obras de la carne.

Del buen árbol salen buenos frutos, y del árbol malo, malos frutos.
¿El hombre es un árbol bueno? Si la respuesta es que no, entonces evidenciar tener buenos frutos no es una decisión del hombre, sino una muestra de que el Espíritu Santo habita en dicho hombre y manifiesta su naturaleza: frutos buenos y santos.

Entonces, es en vano presionar a alguien para que dé buenos frutos. En vez de esto, debemos mostrarle que es el Espíritu Santo quien lo hará a través de él. El querer y el hacer frutos buenos son obras del Espíritu Santo.

Filipenses 2:12-13

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.


El Espíritu Santo pone el deseo y la capacidad en nosotros; es decir, que si llegamos a tener un buen fruto, habrá sido porque Él puso ese deseo y esa capacidad de hacerlo en nosotros. Por consecuencia, toda la obra del fruto ha sido hecha por Él.

Jesús, nuestro Señor y Salvador, levantado de entre los muertos, dijo que Él es la vid, nosotros sus ramas, y que si como ramas permanecemos unidas a Él —que es el árbol—, y Él a nosotros, daremos frutos, porque separados de Él, nada podemos hacer. (Juan 15. 5)

Pero, ¿puede una persona sin el Espíritu Santo dar buenos frutos?
Una persona sin el Espíritu Santo puede hacer buenas obras, pero no puede dar frutos del Espíritu Santo porque no lo tiene. Además, las buenas obras y los buenos frutos no son lo mismo.

Las buenas obras son hechas con intenciones que vienen del corazón de una persona. Pueden ser tanto buenas como malas; el problema es que provienen del hombre: de sus creencias, costumbres, valores familiares, conciencia, e incluso de la satisfacción personal. ¡Vaya origen!

Sin embargo, los buenos frutos del Espíritu provienen de la naturaleza de Dios, y por ende, son buenos en esencia. También es importante mencionar que estos frutos glorifican a Dios.

Las obras hechas por los humanos son inconstantes, por varias razones, pero una de las más importantes es el estado de ánimo. Todo lo contrario a la obra del Espíritu Santo.

Y como lo más hermoso: los frutos del Espíritu Santo son muestra de una vida salvada y redimida por Jesús, nuestro Señor.

 

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